Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son condiciones psiquiátricas complejas y graves que se manifiestan a través de comportamientos alimentarios persistentes y perjudiciales, acompañados de una alteración profunda en la percepción de la imagen corporal y el peso. Estas patologías, entre las que se incluyen la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón, poseen un origen multifactorial donde interactúan variables genéticas, desequilibrios neuroquímicos, rasgos psicológicos de personalidad y una fuerte presión socio-cultural orientada hacia ideales de delgadez poco realistas. El impacto de los TCA desestabiliza por completo el organismo, provocando desde desnutrición severa, arritmias cardíacas y desequilibrios electrolíticos potencialmente letales, hasta disfunciones endocrinas crónicas e inflamación gastrointestinal. En este crítico escenario, el abordaje nutricional se consolida como una pieza terapéutica indispensable y obligatoriamente integrada dentro de un equipo multidisciplinar, trabajando codo con codo junto a la psiquiatría y la psicología médica. Lejos de imponer pautas dietéticas rígidas o restrictivas, la intervención nutricional especializada se enfoca en una rehabilitación metabólica y conductual progresiva que busca, en una primera instancia, restaurar el estado nutricional y corregir las deficiencias orgánicas que ponen en riesgo la vida del paciente. A largo plazo, el tratamiento se centra en la educación alimentaria y la terapia de exposición, desmontando mitos nutricionales y eliminando las clasificaciones punitivas de "alimentos buenos o malos" con el fin de sanar la relación emocional con la comida, normalizar las señales internas de hambre y saciedad, y devolverle al individuo una autonomía biológica y social que restablezca por completo su calidad de vida.